Nadie sabe a quien le vino algún día la genial idea de poner un liceo pegadito a la via
del tren, podían haber puesto un basurero, una fábrica, una cancha de
fútbol.....pero un liceo....fue seguramente la idea más loca que pudieron
tener.....y asi fue que nació nuestro querido liceo 23, si, el que está
pegadito a la vía del tren, a pocos pasos de la estación.
Atrás deaquellos enrejados donde una vez que se entraba era imposible volver a salirsin la autorización del director, pasamos parate de nuestra adolescencia. Horasy horas en los bancos de madera carcomida por el pasar de los años, aquellos bancos en los que nos sentabamos el primer día de clases, con las pilchas
planchadas, todo en perfecto orden, los zapatos lustrados, la camisa sin una
mancha, la corbata con un nudo perfecto hecho por nuestro padre antes de ir a
trabajar, la insigna en la parte izquierda del buzo de lana azul, el pelo
cortito casi a lo milico.
Nos recibía la adscripta de turno, con una sonrisa sarcastica, como quien recibe un condenado
a muerte en la puerta del penal, mirandonos pasar uno a uno y lanzandonos
miradas de todo tipo, que nuestros cerebros traducían inmediatamente: este será
un año dificil, divertido, monotono, todo dependía de la mirada de la adscripta
de turno.
Las emociones empezaban antes, mucho antes, casi en pleno verano cuando alguna madre del
barrio anunciaba en la feria que las listas en el liceo estaban prontas, ahi
volavamos en nuestras bicicletas (en aquel tiempo no exisitian los celulares ni
los mail) casa por casa a avisar a los compañeros que las listas habian sido
puestas en la entrada del liceo.
En bandadas llegabamos al liceo, impulsados por las ganas de estar en la misma clase del
año pasado, con los mismos compañeros, para seguir la jodita del año anterior o
para estar cerca de aquella gurisa que tanto nos gustaba.....empujando entre la
multitud, buscabamos nuestros nombres entre los cientos y cientos que figuraban
en los papeles pegados en los pizarrones, hasta encontrarnos, despues los
abrazos por el reencuentro, las lagrimas y los ojos tristes por estar en otra
clase y al final......el terror nos invadía a todos por igual: las listas
estaban prontas, esto significaba que en pocos días, al máximo alguna semana,
empezarían las clases........
Mientras nos dirigiamos a nuestros salones, saludabamos los viejos compañeros, Rene la
limpiadora, el perro del liceo, no habia mucho para elegir en aquel viejo
edificio: o te tocaba delante al baño o cerca de la cantina, el lugar más lindo
era sin dudas delante al gran patio donde estaba el asta de la bandera.
Todos a clase, tratando de adivinar desde lejos que materia nos tocaría, mirando la
profesora que charlando tranquilamente se acercaba a nuestro salón.....me
acuerdo de la Vikinga con su metro y medio de estatura, sus botas de potro y su
saco de piel, de la profesora de geografía que limpiaba el escritorio
minuciosamente antes de sentarse, Sonia la profe de literatura y adscripta de
la tarde que sorprendía por sus enormes tetas y sus dientes gigantes, el profesor
de Fisica con su peinado a la gomina y sus amenazas, la profesora de moral y
civica, una bomba, Gonzales, el profe de historia que los domingos vendía
libros en la feria de Tristán Narvaja, y la memoria me abandona, no recuerdo
otros profesores....
Si me acuerdo del Aguila Blanca que como una flecha pasaba por las vías ferrugientas
dandonos dos minutos de alegría con su ruido ensordecedor, las selecciones para
el coro, donde nadie quería participar, y haciamos lo posible para venir
eliminados, los refuerzos de paleta en la cantina, los actos abajo del sol y
todos uniformados cantando el himno nacional, los helechos cerca del busto de
Artigas, los laboratorios, las boleteras azules y rojas, dependiendo de la
compagnia de ómnibus elegida.
Hermoso era el día que nos tocaba ir al centro a buscar material para dar la lección sobre
los entes públicos, ibamos en grupos al Sodre, Ute, Antel, Ose, reccorriamos 18
de Julio, ibamos a la casa de los Chascos y volviamos a casa en el 522 jodiendo
desde 18 y Ejido hasta la estación Sayago.
Gloriosas las idas al centro para realizar el test vocacional, una de las cosas más
sorprendentes e inutiles que se pueda haber inventado, porqué si hacemos
memoria, en aquellos salones llenos de alumnos.....todos copiabamos todos, es
decir, al final, el test lo haciamos en cooperativa, copiando las respuestas al
vecino de al lado.
Las idas a Telematch, con Cacho de la Cruz a los gritos y nosotros tirando bombas
brasileras, las tournee en el cine Sayago, especialmente la función organizada
por el liceo para recabar fondos que era la ocasión para volvernos terroristas
por dos horas, tirando huevos y chumbitos a troche y moche.
El profe Olivera en el gimnasio Sayago, que nos hacia correr como desalmados y al final,
nos dejaba jugar al fútbol en el fondo o al basket en el gimnasio.
Cuantas cosas hemos vivido juntos, cuantos recuerdos faltan para llenar estas paginas,
pero algo ha salido a la luz, será mejor conversarlo, pero escribirlo es lindo
tambien, basta cerrar los ojos por un momento, viajar en el tiempo, verse
caminando por las calles de Sayago con una pila de cuadernos abajo del brazo,
pateando piedritas o cruzando la vía en el lugar menos indicado, cortando
camino por la cancha del Polo o bajandose del 145 lleno de viejos y escolares,
llegar a las puertas del liceo, esperar afuera en el quiosco delante a la
estación, viendo pasar el Polo que se apresura a bajar las valijas de un
pasajero que desciende el tren que viene de Rivera o ver la Juanita mangueando
cigarros mezclada entre los jovenes adolescentes......el primer timbre, todos
adentro que empieza el liceo.....nos vemos a la salida.
fernando
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